jueves, 30 de diciembre de 2010

Reveillon

Interrumpo brevemente la serie sobre mi viaje a Colombia para recordar mi paso por Río de Janeiro para la famosa Reveillon, uno de los mejores festejos del mundo.
Nuestro viaje empezó en San Pablo adonde llegamos el 30 de diciembre de 2006, la intención era viajar esa misma noche a Río pero no llegamos a tiempo así que tuvimos que esperar hasta las 5 de la mañana en la rodoviaria, por suerte había bastante gente, negocios abiertos y mucha seguridad. Finalmente partimos en un micro muy bueno y después de seis horas recorriendo unos paisajes lindísimos llegamos a tierras cariocas.
Habíamos alquilado un departamento de dos ambientes en Copacabana en el que nos alojaríamos cinco personas. El tipo de la agencia fue más que servicial y como se le había desocupado un departamento más grande nos lo dejó sin costo adicional. Estaba muy bien ubicado a dos cuadras de la playa sobre la calle Santa Clara.

Vista desde el departamento
Obviamente, una vez que nos instalamos, nuestro primer destino fue la playa. Es increíble cuando se conoce un lugar del que uno ha visto ya tantas imágenes, parece mentira estar ahí pero también es como si ya se lo conociera. Las playas tienen tanta onda como uno espera y mucha gente tomando sol, bañandose o jugando al fútbol entre vendedores de cocos, artesanías y pareos. Las calles también son así, gente por todos lados, mucho movimiento y venta de lo que se les ocurra, sobre todo de fruta fresca: mangos, papayas y unos abacaxis increíbles.

La noche del 30 ya habían empezado las celebraciones con el homenaje a Iemanja, la diosa del mar. La gente hace ofrendas de flores, frutas y distintos elementos de belleza personal como espejitos o peines que acompaña con velas, todo blanco. Algunas son modestas y otras espectaculares, unas se hacen en la arena y otras se arrojan al mar en pequeños barquitos, pero todas convierten a la playa en un escenario increíble lleno de luz.


Al día siguiente volvimos a la playa pero ya había comenzado la lluvia que nos acompañaría todo el viaje, igual que las espantosas capitas que tuvimos que comprar. Igual recorrimos Copacabana admirando las famosas veredas diseñadas por Burle Marx y que se convirtieron en uno de los símbolos de la ciudad desde los años '70.

Cecila, Pilar, Marisú y yo

A la tardecita empezamos a prepararnos para la gran celebración y hay que decir que para divertise no hace falta mucho. Ropa blanca, siguiendo la tradición, havaianas para estar bien cómodos, un poco de plata para comer y tomar en la playa y ganas de pasarla bien.

Cecilia, Pilar, Pablo y yo
La ciudad dispone varios escenarios a lo largo de los 4 kilómetros de Copacabana y también en Ipanema y Leblón donde usualmente tocan grupos locales muy populares. Un reloj en uno de los hoteles con frente a la playa lleva la cuenta regresiva mientras, en la arena, todos esperamos el momento cúlmine.

Diez segundos antes de las 12.00 hs los animadores empiezan a contar y exactamente a las 0.00 hs, en medio de saludos, gritos y risas, empieza el show de fuegos artificiales más espectacular que vi en mi vida. Media hora sin parar de fuegos que salen de varios barcos ubicados en la bahía que parecen envolvernos, no se sabe para donde mirar. Es increíble.
video

Nos quedamos ahí como una hora bailando y festejando y después nos fuimos para Ipanema porque ese año, en ocho ciudades del mundo, se festejaba el Nokia Trends y los que estábamos en Río pudimos disfrutar de un recital de Black Eyed Peas.
Más baile, más fiesta y un final pasado por agua pero... a quién le importa.
Cecilia, Marisú, Pilar y yo

Mi relato no llega a reflejar cabalmente lo espectacular y divertida que es esta fiesta por eso les aconsejo que la experimenten, es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Medellín

Llegamos a Medellín después de un viaje de casi 7 horas en micro desde Pereira bastante horrible. Camino de montaña lleno de curvas, lluvia, camiones y el tránsito trabadísimo por algunos derrumbres en el camino. Ya había anochecido cuando llegamos al Geo Hostel en la zona rosa de la ciudad. Por suerte era lindísimo, recién inaugurado, moderno, limpio y por suerte, aunque estábamos en habitación de 8, estuvimos solas las tres.

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Dormimos bien, desayunamos rico y partimos a visitar la ciudad donde nació Botero y empezamos justamente por la plaza que lleva su nombre y donde hay unas 20 esculturas gigantes de los famosos gorditos en todas sus variantes. Esta plaza está rodeada por el Museo de Antioquia, el Palacio Calibío -sede de Cultura- y el Hotel Nutibara, un interesante edificio de los años 30.
Después fuimos hasta el Parque del Berrío importante porque es el centro fundacional de la ciudad aunque ahora está rodeada por edificios modernos y, supongo, ha perdido su carácter original.
Toda esta zona es el centro comercial de Medellín, pleno de gente y bastante caótico. Habíamos llegado hasta allí con el Metro (un tren de superficie que atraviesa la ciudad de sur a norte) y volvimos a tomarlo para ir hasta el Jardín Botánico (Estación Universidad). El metro ya nos había impresionado por su modernidad, velocidad y limpieza y cuando llegamos a la zona del botánico, que está frente a la Universidad de Antioquía, nos volvimos a impresionar con la arquitectura nueva en esta ciudad.
El Parque Explora, al que no ingresamos, es un espacio didáctico dedicado a la difusión de las ciencias especialmente dedicado a niños y jóvenes. El edificio, diseñado por el arquitecto colombiano Alejandro Echeverri, es un espectacular conjunto de cuatro volumenes contenido cada uno de ellos por una envolvente roja y unidos por una plataforma sinuosa elevada. Interesante y atractivo.
El Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe es fascinante porque la riqueza natural fue resaltada con arquitectura de gran calidad. El acceso es un edificio circular, diseñado por los arquitectos Ana Elvira Vélez y Lorenzo Castro, que además aloja un bar, una tienda, los baños y una plaza con juego de aguas en el centro.
El otro espacio impactante del botánico es el Orquideorama, diseñado por Alejandro Bernal, Felipe Mesa, J. Paul Restrepo y Camilo Restrepo. El jardín de orquideas está cubierto por una espectacular estructura de madera compuesta por una serie de módulos repetitivos llamados árbol-flor que cumplen la función de filtrar la luz del sol y generar la luminosidad apropiada para este tipo de flores. Impresionante.
El resto del botánico tiene otras cosas interesantes como un jardín de cactus y un mariposario y es un espacio muy utilizado por los estudiantes de la universidad porque el jardín no solo permite sino que alienta los pic nics y las tardes de lectura bajo los árboles.
La zona de la universidad no la recorrimos pero lo poco que vimos, el Parque de los Deseos, también nos encantó.
Volvimos al Metro para ir hasta la estación Acevedo donde combinamos con el Metrocable que, con un sistema aéreo, remonta el cerro (Medellín se desarrolla a los lados del río del mismo nombre entre cerros) para llegar hasta uno de los barrios más humildes de la ciudad. Otra vez las instalaciones eran increíbles e impecables a pesar del intenso uso y mirar desde arriba siempre es interesante y permite ver más allá.
Toda esta traversía era para llegar a la Biblioteca Parque España porque esa fue sin dudas la jornada más arquitectónico del viaje y queríamos conocer una de las famosas bibliotecas parque de la ciudad. Estas bibliotecas fueron construidas en los barrios más postergados de Medellín como parte de un plan para dotarlos de espacios culturales y también como parte de su proceso de urbanización y mejora.
Valió la pena, el edificio es espectacular. Por su ubicación desde lejos se lo percibe como tres enormes rocas que se levantan sobre una ladera poblada de casitas de ladrillo sin revocar y mucho verde, porque está ciudad es muy verde. Al acercarse se refuerza la sensación de que los edificios son como piedras que surgen del suelo pero empezamos a ver ventanas y una vez en el interior, descubrimos espacios luminosos a pesar de lo cerrado de la envolvente. Lo mejor: estaban llenos de chicos consultando libros, haciendo distintas actividades y recorriéndo.
Volvimos a la estación Santo Domingo para tomar el Cable Arví que sube todavía más hasta el parque del mismo nombre. Llegamos después de media hora de viaje sobre una especie de bosque enorme. El Parque Arví es una reserva natural que existe, por supuesto, pero tambíén es un proyecto en construcción que demorará dos años más así que ahora se puede recorrer un poco e ir hasta unos restaurantes donde almorzamos chorizo con puré y patacones y tamal. Yo diría que esperen los dos años que faltan antes de ir.
Cuando volvíamos comentábamos lo que veíamos a nuestro alrededor y dos señores que vivían por ahí y bajaban con nosotros nos contaron que ese era el barrio más pobre de Medellín pero que ahora no había ni una calle sin asfaltar y en el lugar donde algunas casas desaparecieron por derrumbes se había construido vivienda social.
Volvimos al centro de la ciudad, al Parque de las luces (Estación Alpujarra) y aunque no lo vimos iluminado nos gustó mucho. Enfrente hay una zona comercial peatonal y los edificios Carré y Vázquez, dos inmuebles ladrilleros idénticos.

Cruzando la Av. San Juan está el Centro Administrativo La Alpujarra y el Monumento a la Raza. Años 80, mucho hormigón. El monumento es impresionante.
Allí también está la antigua estación de tren de Antioquía donde nos refugiamos cuando se largó una lluvia torrencial. Bah... la verdad es que nos metimos en la Pastelería Santa Elena, un establecimiento tradicional de Colombia que tenía unos dulces exquisitos.
Después nos fuimos hasta el Centro Comercial Mayorca que tiene varios outlets. Volvimos al hostel, cenamos unos sandwiches y ensaladas riquísimas que compramos en un local que está enfrente y nos fuimos a dormir porque a las 7 de la mañana salía nuestro avión hacia la playa.

Así terminó nuestra estancia en Medellín, una ciudad a la que me encantaría volver.

Bus Pereira Medellín $C 32.000 c/u
Taxi terminal - hostel $ 10.000
Metro $C 1.500 cada tramo
Jugos naturales en el Botánico $C 12.500 p/3
Cable Arví $C 2.500 cada tramo
Almuerzo en el parque Arví $C 18.000 p/3
Capuccinos con torta en Santa Elena $C 24.000 p/3
Hostel por dos noches $C 55.000 c/una



Algunas de las fotos de esta entrada son de Gisela

jueves, 2 de diciembre de 2010

Triángulo del café

De nuestro viaje por la maravillosa Colombia una de las cosas que más nos gustó a mis amigas y a mi fue el triángulo del café. En esta zona, que incluye los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, se produce la mayor cantidad de café para consumo local y exportación de todo el país y se ha convertido en un destino turístico cada vez más visitado.
Nuestro viaje comenzó con un vuelo de Bogotá a Armenia, capital de Quindío. Desde el aeropuerto tomamos un micro hasta la terminal ($C 1600 c/u) donde esperábamos encontrar información turística pero era domingo y el puestito estaba cerrado. Por suerte encontramos al señor Jorge que tenía una pequeña agencia en la misma terminal y, desinteresadamente, nos ayudó a llamar al hotel en el que queríamos alojarnos y nos consiguió un taxista que nos llevara, Chucho un personaje total! (Viaje hasta La Colina $C 20.000)
Hay que decir que los colombianos no son nada egoistas con sus teléfonos, montones de veces nos ofrecieron sus celulares para averiguar cosas.
Chucho nos llevó hasta la Finca La Colina, en Calarcá, una hacienda cafetera tradicional parte del Club de Calidad Haciendas del Café. En cuanto llegamos nos encantó por el paisaje que la rodea, exhuberantemtente verde, por su hermosa arquitectura y sus brillantes colores. De todos modos fuimos también a visitar la Finca La Cabaña que es hacienda museo y justamente por eso no nos gustó tanto, era divina pero demasiado museística y llena de imágenes religiosas.

Estas haciendas pertenecen a dos hermanas que las heredaron de sus padres.

Decididas ya por La Colina acomodamos nuestras cosas en las preciosas habitaciones y pasamos parte de la tarde en la galería disfrutando de un riquísimo café y fuimos un rato a la pileta. Luego salimos a recorrer las plantaciones de plátanos y café que se mezclan con unas flores increíbles llamadas helicoideas, allí nos alcanzó Faride que sería nuestra anfitriona, cocinera y guía turística durante la estadía. Ella nos explicó someramente el proceso de siembra y recolección y también nos contó sobre la vida en esa región.
Como era temporada baja, o fría como dicen ellos, arreglamos un precio de $C 50.000 por noche para las tres con desayuno incluído, las cenas costaron $C 15.000 c/u por persona, las cervezas $C 3.000 c/u y las gaseosas sin cargo.

 Al día siguiente salimos con la intención de conocer Salento, un pueblito antiguo que sirve como base para visitar el valle de Cocora, pero había un piquete  y la ruta estaba cerrada. Entonces decidimos dar una vuelta por Armenia aunque no tiene mucho para ofrecer. Por suerte después del mediodía terminó la protesta y pudimos partir hacia nuestro destino.
Taxi La Colina - Calarcá $C 7.000 / Bus Calarcá - terminal de Armenia $C 1.400 c/u / Bus terminal - centro $C 1.300 c/u / Taxi centro - terminal $C 4.000 / Bus Armenia - Salento $C 3.200 c/u
Cuando tomen taxi pregunten el precio primero porque, aunque funcionan con reloj, aceptan viajar por un precio fijo muchas veces más barato.
Salento es chiquito y simpático, bien conservado y muy turístico, esta lleno de casas de artesanías y productos regionales. En la plaza principal se contratan los willis (jeeps) para ir al valle. El viaje dura como media hora y el precio es por vehículo, cuanta más gente viaje más barato por persona ($C 24.000 ida y $C 12.000 vuelta). Aclaro que se viaja en la parte de atrás en asientos incómodos y a los saltos, casi es mejor viajar colgando del guardabarros como hacen los locales.

Con estos willis o jeeps una vez al año hacen el "Jeepao", una fiesta súper popular que consiste en llenar los jeeps de granos o bolsas y el jeep que más aguante haciendo "willy gana.
El jeep nos dejó en la entrada de la ruta que se supone hay que recorrer para conocer el valle aunque nunca supimos muy bien qué hacer. Algunos hacen paseos a caballo y otros simplemente caminatas para apreciar el hermoso paisaje. No teníamos ni tanto tiempo ni tantas ganas así que caminamos como una hora y volvimos. Al menos pudimos ver las famosas palmas de cera que caracterizan esta zona, son unas palmeras muy finas que llegan a alcanzar hasta 60 metros de altura y admito que recién ahora descubro que son el árbol nacional de Colombia.


Como volvimos de noche, desde la terminal de Armenia, llamamos al infalible Chucho que nos llevó hasta la hacienda.
A la mañana siguiente Faride nos acompañó a ver como se recogía café, una tarea sacrificada y no tan bien paga pero... Antes habíamos conocido el proceso desde el fruto que trae dos granos cada uno que se limpia y luego se seca con calor. En este estado los granos de venden a cooperativas que hacen el tostado y torrado y lo comercializan. 

Dejamos La Colina con pesar porque es un lugar increíble y altamente recomendable y nos fuimos hacia Santa Rosa de Caldas donde nos encontraríamos con nuestra nueva amiga Livia. Viajamos de Armenia a Pereira (dos horas), dejamos las valijas en la terminal y nos tomamos otro micro para ir hasta Santa Rosa.
Taxi a Armenia (obviamente con Chucho) $C 20.000 / Bus Armenia - Santa Rosa $C 1.800 c/u
Habíamos quedado con Livia en encontrarla en Chorisan, un restaurante especializado obviamente en... chorizos y muy ricos. Livia resultó amiga del dueño y como lo conocimos aprovechamos para preguntarle porqué no comían choripán y nos dijo que, increíblemente, en Colombia no funcionó. Qué cosa no? (Almuerzo $C 34.000 para las tres)
Después de comer nos fuimos en jeep hacia la casa de Livia y esta vez si nos animamos a viajar paradas afuera, es re divertido y a mi me sirvió para evitar el mareo que me producía la ruta tan sinuosa. En el camino disfrutamos de un par de arcoiris espectacular. La casa de Livia es encantadora y llena de flores. Nos recibieron su madre, Carmenza su padre, su hermano y su sobrinito.

Después de pasar un rato con ellos nos fuimos con Livia a los Termales San Vicente. En esta zona abundan las aguas termales y según nos dijeron los de San Vicente son los mejores porque el entorno es más natural. Tuvimos que viajar bastante, siempre en jeep, y llegamos al atardecer pero allí la costumbre es ir de noche, las termas están abiertas hasta la 1.
Para empezar hicimos un baño de barro súper divertido porque parecíamos cuatro monstruitos, después nos fuimos a las piletas y nos quedamos más de una hora. Livia se hubiera quedado tres horas más pero nosotras no estábamos acostumbradas a esas temperaturas tan altas. En las termas hay un restaurante bar donde tomamos unas gaseosas con "Detoditos", una mezcla de papas fritas, platanos fritos y chizitos sabor chicharrones.
Entrada a las termas $C 15.000 c/u / Baño de barro $C 15.000 c/u

La gente de campo se levanta muy temprano pero a nosotras nada nos quitaba el sueño, ni siquiera los gallos que cantaron al alba. Nos levantamos para disfrutar de un buen desayuno casero y en familia y después partimos nuevamente hacia Pereira porque teníamos que seguir viaje a Medellín.
Nos llevamos el recuerdo de una zona bellísima que vale la pena conocer con más profundidad y de una gente entrañable (Faride, Chucho, Livia y toda su familia) que hicieron nuestra estadía inolvidable.

Dubai

Hace casi dos meses que estoy intentando escribir esta entrada y no le encuentro la vuelta porque Dubai es un destino muy difícil de descr...