lunes, 18 de mayo de 2015

Porto


Cada vez más en los últimos años escucho hablar de Portugal, ya sea por parte de gente que fue o de quienes desean ir, se dice que es un hermoso país, algo olvidado por el gran turismo (¿afortunadamente?). Por eso lo incluimos en el recorrido y definitivamente valió la pena. Es de una belleza profunda y tranquila, sin estridencias, sin grandes brillos pero genuinamente bello. Recorrimos Porto y Lisboa con visitas breves a Aveiro, Sintra y Cascais y la verdad es que no queríamos volver, allí uno se siente cómodo, relajado, contento. No hay un millón de cosas para vero o para hacer como en las grandes capitales pero es un placer caminar despacio por las calles empedradas, pasar un rato a orillas del río a disfrutar del sol, o sentarse en una cafetería a ver la vida pasar mientras se disfruta de esos fabulosos pasteles de nata.
No conocí ni por asomo todo lo que el país tiene para mostrar pero lo poco que visité me sirvió para saber que quiero volver y recorrer mucho más y que espero que siga siendo un secreto (a voces) por muchos años más.

Primera parada: Porto

Lisboa es la capital y la ciudad más famosa de Portugal pero Porto no se queda atrás en historia y belleza y además tiene una cualidad muchas veces tomada como un defecto: es una ciudad de provincia, tal vez sin los atractivos y la ebullición de una capital pero también sin las exigencias.
Porto (u Oporto) está situada a orillas del río Duero (Douro) o, más bien, sobre ambas orillas porque la ciudad no se acaba allí aunque la mayor parte está del lado norte. La ciudad se extiende desde el río sobre las colinas en una sucesión de edificios pintados en colores brillantes o recubiertos con increíbles azulejos, formando una verdadera postal. Tanto que creo que, como en muchas ocasiones, las imágenes valen más que las palabras.



Bairro da Ribeira
El centro histórico, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, un lugar encantador, hoy principalmente dedicado al turismo, para disfrutar de un día de sol, comer rico, perderse en las callecitas, admirar los puentes que cruzan el Duero y ver pasar las barcas.


Del otro lado del río, cruzando por el puente Luis I, están las bodegas donde desde hace siglos se produce el famoso "Oporto". 


Bolsa de comercio
Justo encima de la Ribeira está la zona de la Bolsa, con calles de pendiente pronunciada, una zona que parece estar abandonada pero no creo que dure mucho tiempo así porque los edificios son increíbles.
Plaza Infante Enrique, Palacio de la Bolsa y Mercado Ferreira Borges

 



Clérigos
Este barrio toma su nombre de la Iglesia y torre de los Clérigos que lo domina desde lo alto de una colina. A su alrededor se desarrolla un barrio antiguo pero muy activo con comercio de lujo, restaurantes, galerías de arte y un verdadero tesoro: la librería Lello e irmao, una de las más bellas del mundo que inspiró a la autora de Harry Potter.
La torre de los Clérigos detrás del shopping Praca da Lisboa

Iglesia de los Clérigos
Rua das Carmelitas

Esta foto no es mía porque no está permitido fotografiar el interior
Jardín de Carlos Alberto
Plaza de Gomes Teixeira

Rua dos Clérigos hacia la Plaza de la Lîbertad
Plaza de la Libertad
Es la zona más monumental, una plaza seca de tres cuadras de largo sube desde la Rua dos Clérigos hasta la Cámara Municipal, enmarcada por edificios eclécticos y serios, piedra, revoques blancos o grises, conecta el Porto viejo con el moderno.





Estación Sao Bento
Situada a unos 100 metros de la Plaza de la Libertad esta estación debe ser una de las más lindas del mundo por los azulejos que adornan su interior relatando la historia de Portugal.




Rua 31 de Janeiro, al lado de la estación.
Plaza de Almeida Garrett frente a la estación.
Mercado de Bolhao
Es un mercado de los de antes que todavía sigue funcionando como en su origen. Aprovechando los desniveles de las colinas el mercado tiene un edificio perimetral con locales a la calle y la feria en el interior, en un nivel enterrado. 
Me encantan estos mercados, me encanta ver los puesteros, que deben tener su local hace décadas, y los vecinos haciendo las compras (últimamente esquivando turistas), me encanta que no sean perfectos y hasta que estén un poco descuidados porque son auténticos. 




Las calles alrededor del mercado son preciosas, con sus edificios de colores y unos comercios que deben tener todavía sus propietarios originales. Por ahí está también la Rua de Santa Catarina, una peatonal con todos los negocios de moda, y el Café Majestic, el más famoso de la ciudad. 



Capilla de las Almas de Santa Catalina

Porto en tranvía
La ciudad tiene un sistema muy moderno de transporte con una extendida red de metro que llega incluso al aeropuerto pero no se puede dejar de hacer al menos un paseo en tranvía. Nosotros optamos por ir a la playa y paseo marítimo Foz, justo en la desembocadura del Duero, y como se dice habitualmente, es un viaje al pasado y una manera diferente de ver la ciudad.  

Iglesia Monumento San Francisco

Jardín del Paseo Alegre




Las texturas de Porto
Si hay algo que me gusta descubrir son las texturas de cada lugar, de su arquitectura, sus calles, su naturaleza y esta ciudad, las ciudades portuguesas en realidad, es especialmente rica en este sentido con esas fachadas revestidas de azulejos y las calles empedradas. Aquí algunas imágenes. 



 




+ info

Transporte
Llegamos desde Amsterdam en un vuelo de Transavia. Desde el aeropuerto tomamos el metro hasta la estación Trinidade que está justo detrás de la Cámara Municipal, Plaza de la Libertad. 
Dentro de la ciudad casi todo se puede hacer caminando y para las distancias más largas se puede usar el metro o los tranvías. 

Alojamiento
Hotel Veracruz. Excelente ubicación frente a la Plaza de la Libertad, buen servicio, sencillo pero equipado con todo lo necesario, muy buena atención, y hermosas vistas, sobre todo desde el comedor del último piso. 

Precios
Visitar Portugal es un placer también por los precios, es mucho más barato que otros destinos de Europa. Nosotras lo sentimos especialmente después de haber visitado Viena y Amsterdam que, aunque no imposibles, son bastante caras.
Un día pagamos en Amsterdam 3,50 euros por un capuccino, al día siguiente pagamos eso mismo por un capuccino, una copa de vino y un bocadillo. Así de grande es la diferencia (o lo era hace dos años).

Gastronomía
Mi obsesión antes de viajar eran los pasteles de belén, los había visto en televisión y se me hacía agua la boca. Los hay de muchas clases, son pequeños pasteles de nata, y son exquisitos así que me di una panzada aunque en realidad son una verdadera especialidad en Lisboa.
Acá el plato típico es la francesinha, una especie de sandwich servido sobre una salsa soposa, pero me quedé con ganas de probarla porque nadie me sabía explicar bien que era. A veces pasa que los locales tienen tan incorporado el plato que no saben explicar qué es.
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