domingo, 17 de julio de 2016

Chiang Mai

Ultima etapa de nuestro maravilloso viaje por el sudeste asiático. Una amiga que viaja cada año a Tailandia a dar clases de tango me la había recomendado y realmente es un excelente punto para completar la imagen de este país luego de haber visitado la desordenada pero agradable Bangkok y las paradisíacas playas. Chiang Mai es una ciudad pequeña, tranquila, con calles angostas, una muralla, un pequeño río, un gigantesco mercado nocturno, hermosos spas e infinidad de templos fabulosos y tan diferentes entre sí que es posible visitar diez o quince de ellos sin cansarse. 

La ciudad amurallada es Patrimonio Mundial de la UNESCO pero los templos no se encuentran sólo allí sino también fuera de la muralla y en los alrededores de la ciudad.
Este es el clima de la ciudad, al menos en temporada baja. Calles tranquilas, aire de provincia, vegetación y negocios simpáticos.

Wat Phan Tao. Este es el templo que más me gustó. Muy antiguo, de madera, con unos detalles increíbles. 
Más templos...

Más budas...

Y otras criaturas

Pero no todo es cultura en esta vida así que también nos fuimos al Spa...

A comprar y a comer.
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Transporte
Llegamos en avión desde Kravi y tomamos un taxi desde el aeropuerto hasta el hotel porque el aeropuerto está cerca de la ciudad y los taxis no son caros. 
Dentro de la ciudad se camina o se puede alquilar una bicicleta. También hay tuc-tucs y una mezcla de bus/taxi/camión que tomamos el último día para volver al aeropuerto, porque aunque en el hotel nos quisieron meter en un tuc-tuc dos personas y cuatro valijas no entran. 

Alojamiento
Hay mucho para elegir y para todo presupuesto. Por recomendación nos alojamos fuera de la muralla y cerca del mercado nocturno en el Basic Line Hotel. La zona estaba bien, el hotel era regular, no volvería.

Gastronomía
Muchísimas opciones también en restaurantes de diferente categoría y también comida callejera. La cocina tailandesa es riquísima así que en general se come muy bien y no es caro. 

Spas
Tailandia es conocida por sus famosos masajes, que son espectaculares, y Chiang Mai por sus spas así que vale la pena dedicarle unas horitas a este placer. Hay muchas opciones pero nosotras elegimos el spa Fah Lanna que nos había recomendado una brasileña que conocimos en Sa Pa. El lugar es lindísimo y ofrece diferentes servicios, optamos por una combinación de masaje tailandés y reflexología que a mí me encantó y no salió nada caro, apenas unos 30 dólares por más de dos horas de masaje y con transporte desde y hasta nuestro hotel. 

Compras
Se supone que Chiang Mai es el paraíso para comprar esas artesanías típicas del país, como las carteras y bolsos bordados, pero no nos pareció para tanto. Sí compramos carteras, bolsitos y fundas de almohadón a precios regalados pero, como siempre, si van a Tailandia y les gusta comprar, adquieran lo que vean y les guste en el camino porque en los otros puntos encontramos cosas que en Chiang Mai no estaban. 


domingo, 3 de julio de 2016

Phuket, Ao Nang, Railay Beach

Al fin después de más de veinte días de viaje frenético llegamos a uno de nuestros destinos más deseados: LA PLAYA!!!
Y qué playas! Como creo que las imágenes más que elocuentes los dejo con ellas y un poquito de información

Primera parada: Phuket.
Teníamos entendido que no era la mejor playa así que programamos allí sólo un día.  Llegamos en avión desde Kuala y nos fuimos a Phuket Town adonde estaba nuestro hostel y en cuanto dejamos las valijas nos fuimos a la playa en un bus muy simpático.
Las playas no están cerca del centro y hay varias para visitar como Patong, la más famosa, o Karon, la que elegimos porque justo estaba por salir el bus. Lleva una media hora llegar hasta ahí y cuando llegamos nos dimos cuenta que deberíamos habernos alojado en la playa y no en el centro.
Es una playa tranquila pero hermosa, el día estaba divino y nos regaló un atardecer espectacular, el primero de los muchos que veríamos después.



Segunda parada: Ao Nang.
Elegimos esta playa como segundo destino porque es un poco más activa que otras y es un buen punto desde donde hacer excursiones. Además ahí iba a festejar mi cumpleaños así que quería algún lugar en el que hubiera donde celebrar. Resultó que como era en temporada baja todo estaba muy tranquilo pero igual fui con mi amiga a cenar a un lindo lugar y durante el día tomamos una excursión que nos llevó a lugares paradisíacos como Bamboo Island y la famosa Maya Bay en Phi Phi.


Llegada a Ao Nang en ferry y otro hermoso atardecer


Bamboo Island

Maya Bay
Phi Phi
Cena de cumpleaños!
Tercera parada: Railay Beach. 
Ahora sí, habíamos llegado al paraíso.
Railay es una pequeña bahía cercana a Ao Nang en el extremo su de Kravi. En sus escasos 1000 metros de longitud encontramos varios resorts al borde del mar y algunos restaurantes. La playa oeste es la más linda pero también hay salida al mar hacia el este.
Este lugar es para descansar, tomar sol, disfrutar del mar, aprovechar los hoteles, comer bien, hacer algo de treking o kayak (si logran levantarse de la reposera, nosotras no lo logramos), y... bueno, descansar. Justo para el final de un viaje tan intenso como el nuestro.
Pasamos acá dos días y desde que me fui sólo pienso en volver.

La piscina del hotel Railay Beach Resort and Spa

Nuestro último atardecer fue nublado pero igual de espectacular

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Phuket
Desde el aeropuerto hay algunos buses con horarios fijos y taxis a todos los destinos de la isla como Phuket Town, Patong, Karon, etc.
Nos alojamos en el Fulfill Hostel, un lugar moderno muy bien decorado ubicado a unas cuadras del centro.
Para ir a la playa tomamos un bus en el centro y volvimos en una camioneta/tuc-tuc, son típicas de la ciudad, están decoradas con pinturas y luces de colores y tienen música a todo volumen, muy simpáticas.

Ao Nang
Para llegar tomamos un ferry desde Phuket. Había uno directo temprano por la mañana pero no llegamos a tiempo así que tuvimos que tomar uno a Phi Phi y desde ahí otro hasta Ao Nang. Se hizo un poco largo pero los paisajes eran tan hermosos que no nos importó demasiado. 
En Ao Nang nos alojamos en el Ao Nang Beach Resort que está bien, es económico, bien ubicado y las habitaciones son grandes, pero no nos encantó. 
Contratamos la excursión a las islas en una agencia que estaba justo al lado del hotel pero hay muchas más y todas tienen más o menos los mismos precios.
Esta es una localidad bastante grande así que hay muchos restaurantes, bares y negocios, pero hay que tener en cuenta que era temporada baja así que no todo estaba abierto y allá casi todo cierra a las 22hs.
 

Railay Beach
No es una isla pero generalmente se llega en ferry o en bote. Nosotras tomamos un bote en Ao Nang, salen de la playa al final de la costanera y hay dos o tres servicios por día. Es un viaje breve pero teníamos dos valijas cada una así que fue toda una aventura. Gastamos fortunas en propinas!
Metimos todo eso en un bote y, por si no lo sabían, las valijas en la arena no ruedan!
Nos alojamos en el Railay Beach Resort and Spa que es divino! La piscina y el restaurante, donde se desayuna, están sobre el mar y luego hay varios tipos de habitaciones, algunos tipo villas, rodeados de vegetación así que es todo muy agradable. El desayuno es excelente, el restaurante es muy bueno, tienen servicio de spa y masajes que, obviamente, disfrutamos. Fue el alojamiento más caro que pagamos pero para el lugar en el que está y el servicio que ofrece, los precios son muy convenientes, y realmente vale la pena gastar un poco más para disfrutar a pleno de este paraíso.
 
Railay es muy pequeño así que no hay mucho más que los hoteles, apenas un par de supermercados chicos y algunos bares. Los hoteles tienen restaurantes abiertos al público al mediodía y la noche. Todo cierra a las 22hs igual que en Ao Nang. Al menos en enero.
En el mismo hotel contratamos el taxi para ir al aeropuerto de Krabi.

sábado, 18 de junio de 2016

Kuala Lumpur


La capital de Malasia fue nuestra siguiente escala luego de dejar el increíble Vietnam. Como buenas arquitectas, argentinas para más datos, queríamos conocer las Torres Petronas diseñadas por César Pelli un arquitecto tucumano de renombre internacional, y como suele suceder, nos encontramos con mucho más. Kuala es una ciudad cosmopolita, muy activa, algo caótica y sin orden aparente pero muy agradable en parte por la cantidad de vegetación y el buen clima. Y la ciudad tiene de todo para disfrutar:

Presencia musulmana por ejemplo en la Mezquita Nacional

Presencia de otras culturas. 
Algunas del pasado como la inglesa, en la vieja Estación de Ferrocarril

Otras muy presentes como la china, la cultura que domina Asia, con mercado de imitaciones y cosas "truchas pero buenas" incluído, y los infaltables templos.
Petaling Street y Guandi Temple
Y la India, otro infaltable de la región, con templos aún más fantásticos.
Medan Pasar Street y Sri Mahamariamman Temple
Arquitectura contemporánea de primer nivel con las Petronas como estrellas y muchos otros edificios y espacios públicos más en línea con el lugar al que va la ciudad que con su pasado, aunque a nosotros la integración nos pareció más lograda que en otras ciudades asiáticas.
Torres Petronas. Fueron construidas a finales de los '90 por Pelli para la empresa de petroleo malaya y están en la zona llamada City Center. Tienen 427 metros de altura y una pasarela ubicada en los pisos 41 y 42 que une las dos torres. Aún con su impresionante altura y sus toneladas de acero Pelli logró un diseño esbelto, delicado y sutil. Son el punto focal de la ciudad muy merecidamente. 
Torre Menara, un excelente mirador para ver la ciudad y las Petronas, KL Sentral, una zona de oficinas y centro de trasbordo, y el parque Perdana ubicado muy cerca de la Mezquita Nacional. 
Vista de las Petronas desde la Torre Menara. Vista desde las Petronas hacia el KL City Center Park donde hay...
Una fuente danzante!
Lo único que me falta comentar, y que me resulta difícil porque no me animé a sacar fotos, es la variedad de personas que habitan y circulan por la ciudad.
La noche que llegamos fuimos a cenar a un restaurante iraní en una esquina neurálgica de Bukit y nos sentamos en la vereda. En las dos horas que estuvimos ahí vimos pasar cientos de personas y yo estaba fascinada con el desfile de etnias, religiones y nacionalidades. Malasia es un país musulmán pero también es un centro de negocios internacional y un destino turístico en alza así que en sus calles conviven familias con vestimentas tradicionales musulmanas, indios, chinos y pakistaníes, europeos y americanos, cada uno con sus formas porque no hay restricciones para la vestimenta, excepto para entrar en las mesquitas. Eso hace también que sea más llamativo el contraste de las musulmanas más ortodoxas, totalmente cubiertas de negro, incluso los ojos que llevan cubiertos por una especie de gasa.
Así que si van a Kuala Lumpur les recomiendo que se tomen un par de horas, elijan un restaurante o café sobre una calle concurrida y se dediquen simplemente a observar.


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Alojamiento
Estuvimos en el hotel V'la Heritage en Bukit Bintang, una zona céntrica con buenos transportes, varios centros comerciales, restaurantes y bares, ideal para una estadía breve. El hotel estaba muy bien para el precio.

Transporte
El aeropuerto de KL es impresionante pero lamentablemente no pudimos disfrutarlo porque cuando nos fuimos estábamos con el tiempo justo. Desde ahí hay un tren que llega al centro pero luego hay que hacer trasbordo y no es muy cómodo así que la opción más sencilla es un taxi, sobre todo si se llega de noche como nosotras. Los taxis se contratan dentro del aeropuerto y el precio varía según el vehículo que, a su vez, varía según la cantidad de personas y valijas, pero no es muy caro.
Dentro de la ciudad si están en una zona central como Bukit es muy fácil moverse y es casi gratis. Hay un sistema de buses, GO-KL Bus, que recorren los puntos más importantes, las líneas verde y violeta son gratuitas y sirven para ir a casi todos los puntos turísticos como la Mezquita, Petaling St. o las Petronas.
También hay trenes, metro y tren ligero.

Atracciones
En Kuala hay varios museos pero la verdad es que no visitamos ninguno y nos dedicamos a recorrer las calles y los mercados, subimos a la torre Menara y también a las Petronas, para éstas hay que comprar el ticket con anticipación de por lo menos un día, las visitas son con turnos y con cupo. También visitamos el Acuario en el KL City Center, que es pequeño pero muy bueno.
La Mesquita Nacional es gratuita, ahí dan una túnica para las mujeres así que no hay que preocuparse por la vestimenta, igual que los templos chinos e hindúes.

Comida
Hay comida de todas partes del mundo, todas las zonas turísticas son muy comerciales así que siempre se encuentra donde comer y los locales cierran tarde. No hay tanta comida callejera como en el resto del sudeste, es una ciudad más organizada. Lo único que cuesta encontrar es el alcohol que, como en todos los países musulmanes, no se vende en todos lados pero sí en bares y hoteles.

Compras
Justo lo que necesitábamos.
Después de Camboya y Vietnam donde habíamos comprado hermosas artesanías y productos locales nos faltaba una ciudad como Kuala para cubrir nuestra cuota de marcas internacionales y ahí estaban todas y a precios excelentes. El hotel "casualmente" estaba cerca de los centros comerciales así que un día, en lugar de ir a las cuevas Batu, nos sinceramos con nosotras mismas y nos fuimos de shopping hasta las 11 de la noche, hora en que cerró el mall y volvimos arrastrándonos al hotel. Al menos yo.
Antes en el Mercado Central y en Petaling, habíamos comprado bolsos imitación de muy buena calidad y alguna que otra cosa de ese tipo.


domingo, 17 de abril de 2016

Sa Pa

En esta entrada voy a ser un poquito de trampa porque en lugar de escribir la crónica de mi viaje a Sa Pa voy a copiar el artículo que envíe al suplemento Turismo del diario La Nación y que salió publicado el año pasado. 
Pero como también es mio no es para tanto, no?

Al norte de Vietnam, a los pies del Fansipan (Phan Xi Pang), la montaña más alta de Indochina, y muy cerca de la frontera con China se encuentra Sa Pa, hogar de la etnia H’Mong y uno de esos lugares que a pesar de depender cada vez más del turismo todavía mantienen su identidad y su cultura.
La aventura comenzó con el viaje de Hanoi a Lao Cai, la ciudad más cercana. En nuestro caso en el servicio nocturno del SapalyExpress, en el que al llegar al camarote compartido de 4 cuchetas nos encontramos con un kit más que útil de pantuflas descartables, peine, cepillo de dientes, toallita húmeda, galletitas y agua. La cama era cómoda y abrigada y había enchufes varios para cargar todos esos aparatos de los que los viajeros dependemos cada vez más. Al cabo de 9 horas un largo e incomprensible relato en vietnamita, con la correspondiente música local de fondo, nos avisó que habíamos llegado a destino. 
Desde Lao Cai tomamos una combi para ir hasta Sapa y en el trayecto de más de 2 horas pudimos empezar a apreciar el paisaje montañoso que domina la región.
La ciudad es agradable, sorprendentemente parecida a un pueblito alpino, pero el atractivo de Sapa son sus alrededores que se recorren a pie por senderos relativamente sencillos. 
Los guías suelen ser de las etnias locales y los grupos van siempre seguidos por grupos de mujeres H’Mong que los acompañarán hasta sus propias aldeas. Al principio nos resultó molesto porque son muy insistentes pero nos terminaron conquistando con su simpatía y fueron de gran ayuda para transitar por los caminos llenos de barro. 
Las terrazas de arroz cubren las laderas hasta el infinito mostrando mil tonos de ocre y verde, hay bueyes pastando tranquilamente, pequeños grupos de casas donde además de vivir se trabaja con telares y tintura con índigo, se ven nenas saltando a la soga y grupos de chicos jugando en el colegio.
Pero lo que más recuerdo de mi visita son los rostros de las mujeres y sus hijos. Ellas con su expresión alegre, su sonrisa sincera y sus pañuelos de colores vibrantes, y sus hijos, eternamente adosados a su espalda, que nos miraban con curiosidad o dormían tranquilamente mientras sus madres recorrían los caminos escarpados con una facilidad envidiable.
Esas mujeres parecen ser el corazón de la etnia, trabajan la tierra, cuidan las precarias casas, crían a los chicos, producen las artesanías que hoy son una gran fuente de ingresos, aprenden inglés y se capacitan para atender al turismo. Y todo sin dejar de sonreír. 

Con esta visita cerramos nuestra maravillosa visita a Vietnam. Un país que parece estar a mitad de camino entre su historia milenaria, marcada por la invasión de culturas muy poderosas, y su entrada al mundo globalizado. Una amiga que viajó hace algunos años me recomendó viajar antes de que se produzca el (¿inevitable?) cambio y yo ahora repito el consejo. 
Me quedo con la belleza de los paisajes naturales, la exquisita gastronomía, la locura de las ciudades y la autenticidad de la gente. Y, sobre todo, me quedo con las ganas de volver. Pronto.


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Transporte
Como conté hay que ir en tren y hay varias compañías para elegir de distintas categorías. Además dentro de cada formación hay asientos, camarotes compartidos y camarotes privados. 
En la estación de Lao Cai se puede contratar el viaje hasta Sa Pa pero creo que lo mejor es arreglarlo por adelantado con el hotel, así la combi estará esperando. 

Alojamiento
Nos alojamos en el Sapa Elite Hotel. Bien ubicado, cómodo, muy buen servicio y económico. 

Excursiones
La actividad más usual es hacer trekking hacia las aldeas donde viven las etnias. Lo mejor es quedarse al menos dos días para poder hacer un par de circuitos. 

Compras
De todo y más!
Por un lado las artesanías, mayormente textiles con hermosos diseños y colores, que si se las compran a las mujeres que acompañan en el camino salen bastante caros pero es una manera de ayudar a esta gente que vive muy humildemente. 
Por otro lado Sa Pa es un gran lugar para comprar ropa deportiva de marcas reconocidas a precios increíbles. Yo compré unas zapatillas Nike a U$20, una campera North Face a U$22 y una campera polar Columbia a U$20. Todo de excelente calidad. 

domingo, 27 de marzo de 2016

Bahía de Halong

Le llegó el turno a uno de los lugares más hermosos que vi en mi vida y creo, sin temor a equivocarme, uno de los más bellos del mundo: la Bahía de Halong.
La leyenda cuenta que en tiempos del Imperio de Vietnam, invasores chinos querían apropiarse de las tierras y, para protegerse, el emperador pidió ayuda a una familia de dragones que lanzaron perlas y jade para hundir los barcos enemigos. Cuando terminó la batalla, con un triunfo, los dragones, viendo la belleza del lugar, decidieron quedarse allí y esas inmensas rocas que hoy vemos alzarse sobre la calma superficie del agua, son las curvas de sus cuerpos y colas. No sé si esto será cierto pero lo que sí les puedo asegurar es que ese lugar está lleno de magia.
Esta foto no es mía (obviamente) pero ayuda a mostrar la grandiosidad de la bahía. Casi. 
Halong está a unas 3 horas de Hanoi desde donde parten la mayoría de los visitantes. La manera más habitual, y la mejor, de visitar la bahía es tomar un crucero de 2, 3 o 5 días. Nosotras, por cuestiones de tiempo, optamos por el de 2 días - 1 noche, que alcanza para disfrutar del lugar pero a mí me hizo desear volver con un poquito más de tiempo y en una mejor estación. Fuimos en invierno y aunque todo estuvo muy bien, estoy segura de que en primavera o verano debe ser todo aún más hermoso.
La excursión empezó temprano en Hanoi cuando la agencia nos pasó a buscar para llevarnos hasta el puerto adonde nos recibieron, tomaron nuestros datos y menos de una hora después estábamos a bordo del barco y en marcha.
Primero que nada tengo que mencionar el barco que era increíble. Son embarcaciones nuevas pero tienen un diseño tradicional lo que ayuda a generar un clima especial. Los camarotes son muy cómodos y casi lujosos, las áreas comunes también y lo mejor es sin dudas la cubierta.
En cuanto dejamos atrás el puerto, que está creciendo con edificios de departamentos y una marina, nos adentramos en el mar de un color verde jade que era evidente a pesar de la falta de sol. Los (muchos) cruceros navegan entre formaciones rocosas que van revelando paisajes increíbles y los visitantes tenemos la suerte de admirarlos mientras disfrutamos deliciosos platos. En momentos así uno entiende que "viajar es un placer".

Ni el frío ni la llovizna nos quitaron las ganas de pasar un rato en la cubierta disfrutando del paisaje y del delicioso café vietnamita. 
A media tarde el barco ancla en... algún lado y hay dos actividades posibles: kayak o un paseo en bote. Elegimos el bote ya que no nos animamos al kayak, estaba fresco, pero después nos arrepentimos porque el agua es muy cálida a pesar de la baja temperatura. Igual nuestro paseito estuvo lindo.
El barco se detiene recién por la noche y es muy hermoso ver las luces de los otros cruceros alrededor. Yo siempre me mareaba navegando y aunque se me fue pasando con la edad "siento" mucho el movimiento de los barcos aún cuando están anclados pero ahí el mar era una verdadera pileta, absolutamente calmo. Así que tuvimos una maravillosa noche de sueño, la más tranquila y cómoda de todo el viaje prácticamente, y al día siguiente nos despertamos a tiempo para un muy buen desayuno. Luego visitamos la cueva Sung Sot, una de las tantas que esconden las rocas y seguramente la más grande. La cueva es una cueva pero la vista desde la entrada es impresionante.
Después de eso emprendimos el regreso con la pena de tener que dejar ese lugar tan maravilloso pero con el placer de haberlo conocido.



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Crucero
Como mencioné hay cruceros de 2, 3 o 5 días y hasta viajes por el día ida y vuelta desde Hanoi. Nosotras optamos por el viaje de 2 días - 1 noche en el Halong Glory Legend Cruise que contratamos por Agoda pero también se puede reservar por Booking o en la página de la compañía.
El precio (a nosotras nos costó unos U$ 300) incluye el traslado desde y hacia Hanoi, todas las comidas y actividades y sólo se pagan aparte las bebidas pero están a buen precio.
El barco es lindísimo, muy cómodo, la comida buena y el personal amable y servicial. Es muy recomendable pero hay muchas otras compañías para elegir.
El tour dura casi dos días contando los traslados a Hanoi.