domingo, 23 de octubre de 2016

Chicago

Segunda visita a una ciudad que me encanta y a la que volvería a ir sin dudar. 
En mis entradas anteriores sobre la magnífica Chicago me explayé bastante así que ahora me voy a concentrar en mostrar muchas imágenes de esta ciudad que cambia, crece y mejora sin parar con nuevas obras, más y mejores parques y paseos, lugares para salir a comer y tomar algo y eventos por todos lados (fuimos al final del verano así que había muchísima actividad).
Así que... acá vamos!

Esta vez nos alojamos al norte del río, en la zona de la Magnificent Mile y lo recomiendo, la arquitectura es fabulosa, las calles son una belleza y tiene actividad hasta tarde, a diferencia de la zona del Loop que por ser de oficinas se apaga más temprano. 
Estuvimos en el hotel Red Roof que necesita una renovación desde hace 20 años pero gracias a eso ofrece alojamiento a precios más que accesibles en la mejor zona de la ciudad. 

El río es uno de los mayores atractivos y ver la ciudad desde sus puentes o con el infaltable paseo en barco es un placer. Esta vez lo hice al atardecer y fue fascinante ver como caía la noche y se encendía la ciudad. 

Había visitado Oak Park antes cuando fui a la Casa Estudio de Frank Lloyd Wright y ahora volvimos para acompañar a una amiga a hacer esa misma visita y también para recorrer este hermoso barrio con casas de ensueño, muchas de ellas del gran maestro. 

El arte en el espacio público es una de las cosas más increíbles de Chicago. La cantidad y calidad de obras es realmente espectacular: Pablo Picasso, Jean Dubuffet, Anish Kapoor (autor de la fabulosa The Cloud), Jaume Plensa (Crown Fountain) y Calder (Flamingo), son sólo algunos de los artistas que engalanan la ciudad. 

Y qué decir de su arquitectura que debe ser su atractivo número 1. Desde los edificios en los que se apoyó para cambiar su destino de oscura urbe industrial y pasó a ser la "ciudad blanca" a obras vibrantes como el Pabellón Pritzker o el Aqua con su fachada ondulante, en Chicago siempre hay algo para admirar. 

También fuimos a Gold Coast, un barrio muy exclusivo hacia el norte, el Parque Lincoln y North Avenue Beach donde comprobamos que aún en lejos del invierno esta es la "wind city". 


Entre lo nuevo están el River Walk, un paseo que recorre gran parte de la ribera y donde hay también bares y restaurantes ideales para el after office, y el parque Maggie Daley, un lugar especial para niños con montones de juegos y equipamiento para deportes que se conecta al Millenium Park por una sinuosa pasarela de metal. 
Para comer (y muy bien) hay de todo. Estos son sólo algunos de los lugares a los que fuimos, e igual en 4 días tampoco se puede comer tanto! Shake Shack, no es sólo de Chicago pero la hamburguesa es fabulosa; Giordano's, tal vez la pizzería más famosa, no comimos la famosa "stuffed deep dish pizza" pero la pizza fue excelente y hay muy buen ambiente; Eataly, se lo encuentra también en NYC y creo que es un imperdible para comer o comprar; Quartino Ristorante, muy buen restaurante italiano de pizzas, pastas y más, muy buen ambiente; West Egg Cafe, increíble desayuno; Lou Malnati's en Oak Park, buena comida, muy buen lugar. Y me faltó la foto del Garrett Popcorn que es adictivo, sobre todo el que tiene nueces de pecán. 


Y por supuesto no se puede dejar de ver Chicago desde las alturas, desde la torre Willis, con sus skydecks de vértigo, y desde la torre Hancock a la que recomiendo ir justo antes del atardecer pero no al mirador sino al Signature Lounge del piso 96 que tiene las mismas vistas increíbles y es el lugar ideal para una salida. 

Ultima parada... Nueva York!



domingo, 11 de septiembre de 2016

Nueva Orleans

La famosa ciudad sureña siempre fue uno de los lugares que quería conocer de Estados Unidos. Me atraía su historia, su aire bohemio, la exuberancia húmeda del ambiente, el Barrio Francés, su arquitectura, su música, sus leyendas, su actualidad luego de la devastación que dejó Katrina. Y en este viaje al fin pude ir.
¿Me gustó?
Sí y no.
Sí por el Barrio Francés, por la arquitectura, por la música, porque el jazz suena a toda hora en todos lados, por la increíble gastronomía (¡vivan las beignets y el jambalaia!), por los Garden Districts, por el clima relajado y festivo, por la buena onda, por los collares de colores, por los tranvías de madera, por la semana de la Decadencia Sureña que nos sorprendió con su locura gay. Sí a pesar del intenso calor y el sol abrasador. Sí porque pudo renacer de la destrucción.
No porque el Barrio Francés es puramente turístico y perdió su esencia (o adquirió una nueva que no me gusta tanto), porque los covers fueron reemplazando la música original en los pubs de Bourbon St.. No porque esperaba otra cosa y sobre todo no porque sentí que no la conocí realmente, que no pude salir del circuito turístico y no sólo en el sentido físico.
¿Volvería? Sí, pero con más tiempo y tal vez con Coachsurfing o algún sistema de esos que me permita conocer gente local y ver cómo viven. Y trataría de visitar una plantación, los pantanos y los cementerios porque siento que son importantes para comprender esta ciudad y su cultura.
De casualidad caímos en el final de la semana de la Decadencia Sureña una súper-mega-ultra fiesta gay que tenía copada la ciudad así que, aunque no era Mardi Gras, vimos bastante decadencia y algo de desenfreno (no mucho, puertas afuera eran discretos, puertas adentro... no creo). Esa noche no llegamos a ningún evento especial pero al día siguiente sí pudimos ver un desfile espectacular y súper divertido.
Antes y después de eso recorrimos el Barrio Francés (que en su momento fue español) un poco solas y otro poco con un tour gratuito muy bueno salvo porque era al mediodía y nos estábamos derritiendo, literalmente. A pesar de mis críticas es hermoso, casi todas las edificaciones son de dos pisos con esos balcones con hierro ornamental tan famosos, muchas plantas, adornos en todos lados, fachadas de ladrillo, de madera o pintadas de colores. Hay unos patios divinos, callejones y galerías. En el centro del barrio está la plaza Jackson, rodeada por la Catedral y unos edificios señoriales que en su momento pertenecieron a la realeza local y frente al Misisipi, un río mítico lleno de historias y leyendas.
Muy cerca está el Faubourg Marigny que está menos invadido y donde el jazz se escapa por las puertas abiertas de los pubs que no cierran ni al mediodía. También por ahí encontramos el French Market que está bien para comer pero no me pareció nada del otro mundo.
Recorrimos Canal St. y tomamos el tranvía antiguo en St. Charles Ave. para pasear por los Garden District hasta Uptown, las zonas más lindas que vimos en esta ciudad.
Nueva Orleans obviamente se disfruta también de noche, cenando esa increíble comida cajun y creol que aumenta la temperatura corporal en 50 grados por lo menos, tomando algo en bares de otro tiempo como el Carousel del Hotel Monteleone, o escuchando verdadero jazz en el Preservation Hall.

¿Me gustó? Sí!



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Transporte
Nosotras llegamos en auto desde Florida pero se puede llegar en avión o en bus.
Dentro de la ciudad gran parte se hace caminando y para los sitios más lejanos lo ideal es tomar los tranvías o streetcars.

Alojamiento
Old 77 Hotel & Chandlery. Sin saberlo terminamos en uno de los hoteles del momento. Es un edificio industrial reciclado con muy buen gusto, muy buen ubicado, fuera de la locura del Barrio Francés pero cerca como para ir a pie. Nuestra instancia coincidió con la reinauguración así que conseguimos una tarifa excelente.

Gastronomía
No nos dio el estómago para todo lo que la ciudad tenía para ofrecer pero no nos perdimos ni las beignets (un manjar), ni el gumbo, ni el jambalaia (mi preferido). Sólo me faltó el pollo frito pero realmente no daba más.
Algunos lugares recomendables: Gumbo Shop, Deanie's Seafood, Café Envie, Café Beignet (el más famoso es el Café du Monde pero siempre estaba repleto así que no fuimos al final), Mojo, Mother's (la especialidad es jamón asado, muy tradicional, muy bueno), Reveletor Coffee (nada tradicional, muy buen café) y The Ruby Slipper (un desayuno inolvidable).


sábado, 3 de septiembre de 2016

Florida

Después de nuestra estadía en Miami emprendimos nuestro camino por las playas de Florida hasta Nueva Orleans, previa estancia en St. Pete Beach. Hay muchísimas playas sobre el Golfo de México y nos costó decidir dónde quedarnos pero finalmente optamos por St. Pete porque estaba a buena distancia entre Miami y NOLA y tenía varios hoteles buenos para elegir.
Para llegar atravesamos la zona de Everglades casi en línea recta hasta Naples. Acá nos detuvimos sólo a almorzar en la zona del puerto, pero pudimos ver que es un lugar bastante exclusivo con hermosas casas sobre la playa y mucha vegetación. Seguimos pasando por Fort Myers y Sarasota y luego cruzamos Tampa Bay hasta St. Pete.

Llegamos de noche, no recuerdo por qué (creo que por alguna de nuestras paradas en los outlets ruteros), así que fuimos directo al hotel y por suerte alcanzamos a cenar en el bar de la playa (allá todo cierra a las 22hs, que para los argentinos es demasiado temprano) que era excelente. El hotel resultó ser un poco cachi (con restaurante giratorio y luminoso en el tope y todo) pero al día siguiente nos despertamos con una hermosa vista al mar.

La playa está bien, no es caribeñamente espectacular, pero es agradable. Está sobre una lengua de tierra con marinas y barrios cerrados hacia el interior y playa abierta hacia el mar. Nuestro hotel, Grand Plaza Hotel, era completo aunque sencillo, pero a lo largo de la costa había otros tipo resort que tenían de todo, hasta toboganes de agua. Lo mejor del Grand Plaza eran sin dudas los restaurantes: Bongos Beach Bar and Grill sobre la playa y Spinners Rooftop Revolving Bistro en lo alto del edificio. Los dos eran excelentes y se especializaban en pescados y frutos de mar, la atención era muy buena y los precios muy razonables.
Por lo demás no hay ciudad realmente, es una zona balnearia con casas y complejos de departamentos típicos de playa, y algunos negocios y restaurantes sobre la ruta. La ciudad grande es San Petersburgo a la que fuimos una tarde por varios motivos: conocer, acompañar a una de mis amigas al médico porque tenía un problema en el ojo, y escapar del sol abrasador de la tarde. No llegamos a ver demasiado pero fuimos al Museo Dalí, bastante bueno, y la zona de alrededor era realmente muy linda.
Estuvimos tres días en St. Pete y al cuarto volvimos al camino para hacer el último tramo hasta NOLA pero antes pasamos un lugar que me encantó: Seaside, que es el pueblo donde se filmó The Truman Show. 
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Me pareció una belleza. Es una urbanización con calles curvas, coquetas casas con frente de madera y muchísimos árboles, y la playa es fabulosa: arena blanquísima y mar turquesa. Se nota que es muy exclusivo, y debe ser bastante caro, pero si volviera por la zona me gustaría pasar un par de días ahí, el clima no es tan perfecto como la ciudad de Truman pero es bastante de película.
Nuestra última "pasada" fue por Destin que está muy cerca de Seaside pero no tiene nada que ver, hay edificios altos, muchos negocios y restaurantes, balnearios con juegos y entretenimientos, etc. Debe ser bueno para familias con chicos pero no es lo que prefiero yo.


Siguiente parada: Nueva Orleans!!!


domingo, 7 de agosto de 2016

Miami

Tercer viaje a Estados Unidos, primera visita a Miami. Raro porque esta ciudad es una de las preferidas de los argentinos pero no estaba en lo más alto de mi lista de deseos made in USA y además, debo reconocer, tenía ciertos prejuicios. Pero bueno, le llegó la hora en 2015 gracias a las millas que conseguí viajando al sudeste asiático, y la verdad que me gustó aunque sólo estuve tres días. Me gustó la playa aunque no estaba en su máximo esplendor porque había habido tormentas tropicales, me gustó el Distrito Art Decó, me gustó lo poco que pude ver del Downtown que según dicen está renaciendo, me gustaron los nuevos barrios de moda Brickel y Midtown, y, básicamente, me gustó estar en Miami.
Para mí visitar Estados Unidos es como ser parte de una película y cada viaje refuerza esa sensación: caminar por Nueva York como si fuéramos a encontrarnos con las chicas de Sex and the City, recorrer las sinuosas calles de San Francisco, ver a un policía (negro para colmo) bailando mientras dirigía el tránsito en Chicago, visitar el muelle de Santa Mónica, transitar la Ruta 66, conocer los escenarios naturales donde filmaba John Wayne o impresionarme con el monumento a Lincoln en Washington.
Y en este viaje no sólo pude completar la experiencia con la famosa Miami sino que también tuve la oportunidad de conocer algunas playas de la Florida, visitar Nueva, que sí estaba en mi lista de deseos, y volver a mis amadas Chicago y Nueva York, como para tener un panorama más completo del país del norte que igual es interminable así que seguramente volveremos.

Entonces... Miami.
Es una ciudad realmente grande así que voy a hablar sólo de lo que vi en mis tres días de estadía que, aunque parezca mentira, incluyeron sólo una rápida visita al mall Aventura y nada de outlets. Lo juro. No hubo tiempo para comprar :(

Miami Beach
Estábamos alojadas en un departamento en Collins Ave. al 5600. Es una buena zona para quedarse porque tiene muy buen acceso a la playa, nuestro edificio de hecho tenía la playa justo detrás. Es todo muy residencial pero a unas diez cuadras hacia el norte había un pequeño centro con restaurantes, supermercados y algunos negocios. La playa es linda (aunque no la encontramos en el mejor momento porque había habido una tormenta tropical) y muy tranquila porque hay muy pocos accesos públicos, en casi toda la extensión se accede desde los edificios de la Collins.



South Beach
Aquí está el Distrito Art Decó, Lincoln Rd., Española Way y muchos otros lugares de los que seguramente han oído hablar.
El Distrito Art Decó es lindísimo por su arquitectura y su clima, es zona de restaurantes, bares y fiesta. Para pasear de día admirando los edificios y de noche disfrutando de la vida en las calles.
Lincoln Rd. es una peatonal comercial de pocas cuadras muy agradable. Están las marcas más populares mezcladas con restaurantes y cafés. Para ir de día o de noche. Y los amantes de la arquitectura además podemos disfrutar de algunos ejemplos de Art Decó y del singular estacionamiento diseñado por Herzog & De Meuron.



Downtown
El barrio institucional y financiero. No es nada del otro mundo y tiene poco atractivo para los turistas porque es zona de trabajo, pero parece estar mejorando con algunas iniciativas como el Perez Art Museum, un fantástico edificio de Herzog & De Meuron emplazado en un hermoso parque al borde del mar. Por ahí también hay centros de espectáculos y eventos como el American Airlines Arena y el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, además de grandes hoteles y nuevos edificios de oficina.
Perez Art Museum
Esto no fue todo lo que vimos, además pasamos por Winwood, Midtown y Brickell, los barrios ascendentes, por el mall de Bal Harbour (muy fuera de nuestro alcance) y por Coconut Grove, y por el Miami profundo, una de las veces que nos confundimos de autopista y terminamos en un café auténticamente cubano y poco tourist freindly. Y eso también es de película.


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Transporte
Auto. Auto. Auto.
No hay otra. Llegué sola a Miami y no sé manejar así que no pude sacar el auto que alquilamos y me tomé un shuttle hasta el departamento. Hay varias compañías y no son caros así que es una muy buena opción pero dentro de la ciudad es muy difícil moverse en transporte público que es escaso y muy caro tomar taxis.
Se puede estacionar en la calle con parquímetros o en parkings y no es tan caro 1 o 2 dólares la hora.
Si no están familiarizados recomiendo el GPS, hay mil autopistas y es fácil equivocarse.
Estas somos nosotras y atrás nuestra super van.
Alojamiento
Hay hoteles, obviamente, pero es muy común alquilar departamentos porque en comparación se consiguen mejores departamentos que hoteles a precios moderados. Nosotras pagamos unos 45 dólares por persona por un depto espectacular de dos dormitorios, dos baños, living-comedor con balcón y cocina grande, totalmente equipado y con salida a la playa. Fue una verdadera ganga.

Gastronomía
De todo y para todos (los gustos y los precios). Lo nuestro fue una mezcla de comida casi chatarra, sushi y otras delicias marinas y hamburguesas super buenas. Eso sí, desayunábamos tostadas y fruta. No vaya a ser...



domingo, 17 de julio de 2016

Chiang Mai

Ultima etapa de nuestro maravilloso viaje por el sudeste asiático. Una amiga que viaja cada año a Tailandia a dar clases de tango me la había recomendado y realmente es un excelente punto para completar la imagen de este país luego de haber visitado la desordenada pero agradable Bangkok y las paradisíacas playas. Chiang Mai es una ciudad pequeña, tranquila, con calles angostas, una muralla, un pequeño río, un gigantesco mercado nocturno, hermosos spas e infinidad de templos fabulosos y tan diferentes entre sí que es posible visitar diez o quince de ellos sin cansarse. 

La ciudad amurallada es Patrimonio Mundial de la UNESCO pero los templos no se encuentran sólo allí sino también fuera de la muralla y en los alrededores de la ciudad.
Este es el clima de la ciudad, al menos en temporada baja. Calles tranquilas, aire de provincia, vegetación y negocios simpáticos.

Wat Phan Tao. Este es el templo que más me gustó. Muy antiguo, de madera, con unos detalles increíbles. 
Más templos...

Más budas...

Y otras criaturas

Pero no todo es cultura en esta vida así que también nos fuimos al Spa...

A comprar y a comer.
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Transporte
Llegamos en avión desde Kravi y tomamos un taxi desde el aeropuerto hasta el hotel porque el aeropuerto está cerca de la ciudad y los taxis no son caros. 
Dentro de la ciudad se camina o se puede alquilar una bicicleta. También hay tuc-tucs y una mezcla de bus/taxi/camión que tomamos el último día para volver al aeropuerto, porque aunque en el hotel nos quisieron meter en un tuc-tuc dos personas y cuatro valijas no entran. 

Alojamiento
Hay mucho para elegir y para todo presupuesto. Por recomendación nos alojamos fuera de la muralla y cerca del mercado nocturno en el Basic Line Hotel. La zona estaba bien, el hotel era regular, no volvería.

Gastronomía
Muchísimas opciones también en restaurantes de diferente categoría y también comida callejera. La cocina tailandesa es riquísima así que en general se come muy bien y no es caro. 

Spas
Tailandia es conocida por sus famosos masajes, que son espectaculares, y Chiang Mai por sus spas así que vale la pena dedicarle unas horitas a este placer. Hay muchas opciones pero nosotras elegimos el spa Fah Lanna que nos había recomendado una brasileña que conocimos en Sa Pa. El lugar es lindísimo y ofrece diferentes servicios, optamos por una combinación de masaje tailandés y reflexología que a mí me encantó y no salió nada caro, apenas unos 30 dólares por más de dos horas de masaje y con transporte desde y hasta nuestro hotel. 

Compras
Se supone que Chiang Mai es el paraíso para comprar esas artesanías típicas del país, como las carteras y bolsos bordados, pero no nos pareció para tanto. Sí compramos carteras, bolsitos y fundas de almohadón a precios regalados pero, como siempre, si van a Tailandia y les gusta comprar, adquieran lo que vean y les guste en el camino porque en los otros puntos encontramos cosas que en Chiang Mai no estaban.